Holanda 4-1 Francia

El campeón y el subcampeón del mundo son agua pasada para Holanda, la referencia ya de esta Eurocopa, autora de otro ejercicio de estilo y potencia goleadora ante una Francia notable a la que sólo le faltó acierto para definir (4-1). El oficio de Van Nistelrooy y el golazo postrero de Sneijder abrieron las puertas del cielo al grupo de Van Basten, favorito desde ya para el título europeo.

Su segunda goleada consecutiva pone casi en la calle a italianos y franceses, maestros del otro fútbol, víctimas calcadas de la mejor Holanda de las dos últimas décadas. Dicho queda que Francia no mereció una derrota tan abultada, porque dentro de sus carencias, sólo falló en el remate a la red. Poco más se le puede pedir a Ribery, autor de un partido soberbio, como Henry, que volvía tras su lesión y dejó buenas sensaciones, aunque sin suerte ante una portería que siempre le pareció de waterpolo.

Tampoco se puede exigir más compromiso a Makelele, incansable a los 35 años, representante de las viejas esencias, como Sagnol, Thuram o Vieira, testigo directo desde el banquillo. Esta escuela de viejos maestros es también la condena de Francia, muy exigida en defensa por el arrollador despliegue holandés, implacable en el contragolpe. El grupo de Domenech se vio obligado desde el principio, cuando Kuyt puso el primero cuando nadie había hecho méritos para nada.

La estéril resistencia de Ribery

En ese instante todo parecía rodado para Holanda, con viento de cola tras la exhibición del debut, controlando los tiempos sin ruborizarse aunque Engelaar no fuera el mismo del lunes y Sneijder tardase en encontrar la pelota. Los problemas siempre eran menos gracias al oficio de Van Basten o Kuyt, verdaderas joyas para el trabajo colectivo.

Francia tardó media hora en restablecerse, pero poco a poco comenzó a rondar el área de Van der Sar, que respondió con firmeza ante los avisos de Henry y Govou. El lado izquierdo comenzó a inclinarse ante Malouda y todo lo demás correspondía a Ribery, verdadero líder de esta Francia de transición.

Holanda echó un paso atrás y el empate parecía cuestión de tiempo y de justicia. Tras el descanso apareció Robben, pero fue Henry quien atrajo los focos con una vaselina errada y con un remate que despejó el brazo de Ooijer en el área chica. Fallos letales para los ‘bleus’, con Benzema mirando desde el banquillo.

Era tiempo para el contraataque y Holanda se aplicó con la misma saña que ante Italia. Robben, en su primera carrera por la izquierda, regaló el gol a Van Persie y desató la locura naranja. A Francia no le quedaba otra que lanzarse a la desesperada y se encontró con la inesperada sorpresa de Sagnol, hasta entonces una calamidad.

Robó la cartera a Van Nistelrooy y se marchó hacia la línea de fondo como en sus años mozos para servir el 2-1 a Henry. Todo parecía posible entonces, pero nada más sacar de centro, Sneijder habilitó un hueco a Robben y el extremo zurdo puso el balón en la escuadra. La estocada definitiva para los franceses, que nunca rehuyeron la batalla, pero que tendrán que ganar a Italia y esperar noticias de Rumanía.

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